Por The Nexus Coffee / Foto : Alexis Reyes
El cultivo de la variedad geisha, también conocida como gesha, originaria de las montañas de Etiopía, está experimentando una expansión notable en Centroamérica, motivada principalmente por los altos precios que el mercado internacional está dispuesto a pagar por sus granos premium.
Países como Panamá, Costa Rica, Honduras y Guatemala han visto un aumento en las plantaciones dedicadas a esta variedad, atraídos por subastas, en las cuales una libra puede superar los US$1,000. Este fenómeno no solo posiciona a la región como un hub global de cafés especiales, compitiendo con productores asiáticos y africanos. Sin embargo, el auge trae desafíos agronómicos que los caficultores deben enfrentar para mantener la calidad y rentabilidad.
La llegada de la variedad geisha a Centroamérica se remonta a la década de 1950, cuando semillas procedentes de Etiopía las introdujo a Costa Rica el Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (CATIE). Inicialmente, el objetivo era diversificar las cepas cultivadas en la región para mejorar la resistencia a enfermedades y plagas comunes en las plantaciones de café, de acuerdo con información de esa institución.
Desde Costa Rica, las semillas las distribuyeron a otros países centroamericanos, como Panamá, donde se adaptaron a las condiciones de alta altitud y climas tropicales. Aunque en un principio pasó desapercibida entre las variedades más comunes como caturra o bourbon, su potencial único comenzó a revelarse décadas después.
La popularización del geisha explotó en 2004, cuando la finca panameña Hacienda La Esmeralda presentó un lote en la competencia Best of Panama, ganando el primer lugar y estableciendo un récord mundial con un precio de US$21 por libra en subasta. Este evento catapultó su fama global, atrayendo a tostadores y compradores de especialidad de Japón, Estados Unidos y Europa. Para la década de 2010, el geisha se había convertido en sinónimo de lujo en el mundo del café, con plantaciones expandiéndose rápidamente en Centroamérica.
Eventos como la Cup of Excellence y subastas internacionales consolidaron su estatus, impulsando a miles de agricultores a replantar sus fincas con esta variedad para capturar el mercado de cafés de alta gama. “Nosotros subastamos en las ferias internacionales (los granos de geisha)”, confirmó Oscar Omar Alonzo, socio productor de la Café Orgánico Marcala (Comsa), empresa de Honduras, en entrevista con The Nexus Coffee.
Entre las características distintivas del Geisha destacan sus notas sensoriales complejas, que incluyen aromas florales como jazmín y bergamota, junto con sabores frutales de melocotón, mango y cítricos, lo que lo hace ideal para métodos de preparación como el pour-over o el espresso de especialidad.
Requiere altitudes superiores a los 1,500 metros sobre el nivel del mar y un manejo meticuloso, lo que eleva sus costos de producción. En el mercado, los precios varían ampliamente: en subastas elite, puede alcanzar hasta US$2,500 por libra, mientras que en ventas regulares oscila entre US$50 y US$200, superando con creces al café commodity cotizado por libra.
Katia Duke, propietaria de una finca de café en Copán Ruinas, occidente de Honduras, en entrevista con The Nexus Coffee, estableció un balance entre las bondades y adversidades que tiene geisha, por un lado, demanda entrega y un alto costo y por otro una alta rentabilidad gracias al precio situado siempre por arriba de la bolsa.
“La espera es larga, todos los productores pasamos por esa etapa: desde la semilla hasta la primera cosecha. Para nosotros, este año es la primera cosecha formal. El año pasamos tuvimos un poco de granitos de café, cataron muy bien. Es sorprendente como el varietal por sí solo tiene atributos que lo vuelven único. Obviamente al lado de esto tiene que ir el cuidado del productor, un buen manejo agronómico que garantice un llenado de fruto, que la planta va estar bien nutrida. Al final eso se traduce en una semilla de alta calidad. Creo que es una combinación de un buen material genético, de buena fuente, luego, el suelo, el microclima, que juegan un papel importante”, dice Duke.
A pesar de su atractivo económico, el geisha no es resistente a la roya del café, una enfermedad fúngica devastadora que ha afectado plantaciones en toda Centroamérica desde la década de 2010. De hecho, es una variedad susceptible, lo que obliga a los productores a implementar prácticas intensivas como fumigaciones preventivas, rotación de cultivos y selección de clones híbridos más tolerantes.
“Este varietal, para mí, ha sido de las cosas más difíciles. Vengo de uso de otros varietales, como catuai, caturra, bourbon, plantas, que incluso, en su estructura física son completamente diferentes. Estamos acostumbrados a bandolas muy, muy llenas. Son plantas susceptibles a la roya, increíblemente. Es un varietal que requiere alto mantenimiento y, por supuesto, recursos, porque no nos vamos a meter a producir geisha, cuando no tenemos los recursos para asistirla, fertilizaciones, aplicaciones foliares, podas, mantenimiento. Realmente, es como tener un bebé caro”, explica Duke.
Agrega que “económicamente, hay que tener un buen ahorro para poder sostener desde la compra de la semilla hasta la primera y segunda cosecha, pero en términos de mercado cotiza muy bien, el margen de ganancia es muy bueno, siempre y cuando se alcance una buena taza. En este caso los ingresos son muy buenos si se encuentra el mercado que valore este producto”.
Esta vulnerabilidad ha generado debates sobre la sostenibilidad del boom Geisha, especialmente en un contexto de cambio climático que agrava las plagas. No obstante, innovaciones en agricultura orgánica y certificaciones como Rainforest Alliance están ayudando a mitigar riesgos, asegurando que esta «joya etíope» continúe prosperando en la región.

