En medio de una cosecha cafetalera histórica para la temporada 2025-2026, que proyecta exportaciones de hasta 6.5 millones de quintales y divisas superiores a los 2.500 millones de dólares, La Ruta del Café se consolida como una de las principales atracciones turísticas de Honduras. Promovida por el Instituto Hondureño del Café (IHCAFE) y el Instituto Hondureño de Turismo, esta iniciativa invita a recorrer seis regiones cafetaleras, combinando la producción de un grano de alta calidad con paisajes montañosos, cultura local y experiencias sostenibles.
La ruta abarca regiones como Copán —cerca de las ruinas mayas—, Montecillos, Opalaca, Comayagua, Agalta y El Paraíso, donde altitudes superiores a los 1.000 metros producen cafés arábicos con perfiles únicos: notas achocolatadas en Copán, frutales en Agalta o cítricas en otras zonas. Los visitantes pueden participar en el proceso completo, desde la recolección manual —en plena efervescencia durante diciembre— hasta catas profesionales, en un momento en que Honduras se posiciona como primer productor centroamericano y quinto mundial.
Fincas emblemáticas como Santa Isabel o Capucas ofrecen hospedaje, senderismo y avistamiento de aves, mientras productores destacan el impacto del cambio climático, mitigado con variedades resistentes como Parainema. En esta cosecha, que arranca con optimismo tras récord de más de 2.100 millones de dólares en la anterior, el turismo cafetero genera ingresos adicionales para más de 120.000 familias.
Expertos del IHCAFE enfatizan que La Ruta del Café no solo promueve el consumo interno —que ha crecido exponencialmente— sino que posiciona al país en mercados premium de Europa y Estados Unidos, donde precios internacionales superan los 300 dólares por quintal. Iniciativas como renovaciones de plantaciones y proyectos climáticos inteligentes refuerzan la sostenibilidad.En un contexto de desafíos globales como sequías y plagas, esta ruta representa una oportunidad para descubrir la resiliencia hondureña: un viaje aromático que une historia maya, biodiversidad y el esfuerzo de un millón de personas dedicadas al «oro catracho». Visitarla ahora, en plena cosecha, es apoyar una industria en auge y vivir una experiencia auténtica e inolvidable.

