05.11.2026

El papel de la mujer en la región cafetalera Terrazú: De los pilares de la familia al liderazgo del futuro

Mujeres productoras de café de Los Santos, Costa Rica, durante una capacitación sobre manejo de las fincas frente al fenómeno de El Niño y política de género ofrecida por ICAFE.
Mujeres productoras de café de Los Santos, Costa Rica, durante una capacitación sobre manejo de las fincas frente al fenómeno de El Niño y política de género ofrecida por ICAFE.

Por Fernando Naranjo*, presidente de Icafe de Costa Rica.

La historia de la caficultura en la región cafetalera Tarrazú no puede contarse sin reconocer el papel fundamental que ha desempeñado la mujer en la construcción de nuestras familias, el sostenimiento de nuestras fincas y el desarrollo de nuestras comunidades.

Durante generaciones, las mujeres han sido parte esencial de la economía cafetalera. Su aporte ha ido mucho más allá de las responsabilidades del hogar, aunque no siempre haya recibido el reconocimiento económico, social e institucional que merece.

Comprender el papel de la mujer en el pasado y en el presente es fundamental para construir una caficultura más inclusiva, resiliente y sostenible.

Las mujeres que construyeron nuestra tradición cafetalera

En el pasado, la mujer era el corazón de la familia cafetalera. Mientras el hombre se dedicaba principalmente a las labores agrícolas, ella asumía gran parte de la responsabilidad de criar a los hijos, preparar los alimentos, administrar los recursos familiares y atender las necesidades del hogar.

Pero su aporte no terminaba en la casa. Durante la cosecha, muchas mujeres se incorporaban a la recolección del café y participaban en otras labores de la finca. Ayudaban a sostener la producción, administraban los recursos disponibles y buscaban la manera de hacer rendir los ingresos familiares durante todo el año.

En los momentos difíciles eran compañeras de lucha. Compartían la incertidumbre de los precios del café, las variaciones de las cosechas y las dificultades económicas que acompañaban la vida rural. También transmitían los valores del trabajo, el ahorro, la solidaridad y el compromiso familiar que todavía caracterizan a nuestras comunidades.

Sin embargo, buena parte de ese trabajo permanecía invisible. Al tratarse muchas veces de labores no remuneradas o consideradas simplemente parte de las responsabilidades familiares, no aparecía en las cuentas de la finca.

Aun así, sostener la producción cafetalera y sacar adelante a las nuevas generaciones habría sido mucho más difícil sin su contribución.

La mujer nunca estuvo fuera de la economía cafetalera. Siempre formó parte de ella, aunque la sociedad no siempre reconociera su aporte como correspondía.

Cuando recordamos a las generaciones que construyeron la caficultura de Tarrazú, también debemos recordar a nuestras madres y abuelas. Su trabajo, sus sacrificios y sus conocimientos ayudaron a establecer las bases familiares y sociales sobre las cuales se desarrolló nuestra región cafetalera.

Reconocer su contribución no es solamente un acto de gratitud. Es hacer justicia con una parte fundamental de nuestra historia.

*Fernando Naranjo Retana, además de ser presidente de Icafe de Costa Rica, es cafetalero (Tarrazú, Costa Rica), miembro del consejo directivo Promecafe e impulsor del Modelo Origen.