19.04.2026

Millones de manos anónimas hacen posible el café de cada día

Manos de Johny Bú Argueta sostienen granos de café en una finca en Santa Bárbara, Honduras.
Manos de Johny Bú Argueta sostienen granos de café en una finca en Santa Bárbara, Honduras.
Por The Nexus Coffee / Foto : Reyes

Cada día, mientras el sol aún no ha salido en muchas regiones del mundo, millones de personas se levantan para trabajar en las plantaciones de café.

Desde las empinadas laderas de Colombia y Honduras hasta las montañas de Etiopía, Vietnam y Brasil, hombres, mujeres  dedican sus jornadas a sembrar, cuidar, cosechar y procesar los granos rojos que luego se convertirán en la bebida más consumida del planeta después del agua.

Son trabajadores del campo, muchos de ellos en condiciones difíciles, con salarios modestos y bajo el implacable sol tropical, cuya labor invisible sostiene una industria multimillonaria.

Doris López corta café en una plantación en Santa Bárbara, Honduras.
Doris López corta café en una plantación en Santa Bárbara, Honduras.

Doris López, una cortadora de café de 32 años de edad, dice que ella se dedica a esta actividad “para ganar dinero, pero también para que el café de Honduras llegue a todas las partes del mundo”.

En una entrevista con The Nexus Coffee, mientras cortaba café en una finca ubicada a más de 1,500 metros sobre el nivel del mar en Santa Bárbara, Honduras, relató que ella creció entre las fincas de café y ahora esta actividad es parte de su vida.

“Me dedico a cortar café desde que era una niña y lo seguiré haciendo porque me gusta. Todos los años esperamos la temporada de corte para comenzar a trabajar en esta actividad que la hacemos en la naturaleza. En esta cosecha, comencé a cortar café en noviembre (2025) y ya llevo unos cinco meses”, dice.

Gracias a su esfuerzo diario y silencioso de López y otras personas, miles de millones de tazas de café llegan puntualmente a las mesas de oficinas, hogares y cafeterías en todos los continentes.

Sin esos millones de cortadores de café que recogen manualmente los cerezos maduros, el ritual matutino que acompaña a estudiantes, profesionales, camioneros y amas de casa simplemente no existiría.

Johny Bú Argueta corta café en una finca de Santa Bárbara, Honduras.
Johny Bú Argueta corta café en una finca de Santa Bárbara, Honduras.

Al igual que Doris López, Johny Bú Argueta, ha cortado café desde su niñez y ahora, además de esa actividad, realiza otras aprendidas por medio de capacitaciones recibidas en el Instituto Hondureño del Café (Ihcafé).

“Nosotros nos sentimos satisfechos porque ganamos dinero por el trabajo que hacemos y con esto alimentamos a nuestras familias. Nos sentimos alegres porque este café que cortamos llega a personas y familias de otros países”, dice.

Detrás de cada sorbo hay sudor, manos callosas y una cadena humana que atraviesa océanos y fronteras. Mientras muchos disfrutan del aroma y el sabor sin pensarlo dos veces, es importante recordar que ese café que los despierta cada mañana es el resultado del trabajo incansable de personas reales, anónimas, que con su dedicación convierten un fruto agrícola en el combustible emocional y físico de la vida moderna.

Oscar Paredes, miembro del equipo de The Nexus Coffee, entrevista a Johny Bú Argueta en una finca situada en Santa Bárbara, Honduras.
Oscar Paredes, miembro del equipo de The Nexus Coffee, entrevista a Johny Bú Argueta en una finca situada en Santa Bárbara, Honduras.

Según la Organización Internacional del Café (OIC), alrededor de 25 millones de hogares (familias productoras) se dedican al cultivo del café en todo el mundo. Sin embargo, la cantidad de mujeres y hombres involucrados en todo el planeta, como Doris y Johny, supera esa cifra.

El Instituto Internacional para el Desarrollo Sostenible (IISD) estima que alrededor de 125 millones de personas viven del café.