28.07.2026

La revolución pendiente de la caficultura

Por Fernando Naranjo*, presidente de Icafe de Costa Rica.

Parte I: La riqueza nace en la finca

Cada mañana, mucho antes de que el mundo disfrute su primera taza de café, miles de familias en América Latina ya llevan horas trabajando en sus cafetales. Allí, entre montañas, lluvias, sequías, plagas y la incertidumbre de cada cosecha, comienza la verdadera historia del café.

Sin embargo, pocas veces nos detenemos a reflexionar sobre una realidad que parece contradictoria: quienes producen uno de los productos agrícolas más apreciados del planeta no siempre participan de manera proporcional en la riqueza que ese producto genera.

Esta no es una crítica contra ningún actor de la cadena del café. Todo lo contrario. Productores, cooperativas, beneficios, exportadores, tostadores, comercializadores, cafeterías y consumidores desempeñan un papel indispensable. Gracias a ese esfuerzo conjunto, el café llega todos los días a millones de personas en el mundo.

La pregunta que debemos hacernos es otra: ¿Cómo logramos que esa cadena de valor sea cada vez más fuerte y que las comunidades donde nace el café también participen de una mayor parte de la riqueza que ayudan a crear?

Durante décadas hemos concentrado el debate en el precio internacional del café. Celebramos cuando sube y sufrimos cuando baja. Pero quizás ha llegado el momento de ampliar la conversación.

El verdadero desafío de la caficultura latinoamericana no consiste únicamente en producir más café. Consiste en construir más valor alrededor del café.

El mundo ya no compra solamente un grano. Cada vez más consumidores buscan conocer el origen del producto, la historia de quienes lo cultivaron, el compromiso con el ambiente, la trazabilidad y la calidad. En otras palabras, el mercado está comenzando a valorar aquello que siempre ha estado presente en nuestras fincas.

Esa es una oportunidad extraordinaria.

Costa Rica y muchos países de América Latina no podrán competir por volumen con los mayores productores del mundo. Pero sí pueden liderar en calidad, identidad, sostenibilidad e innovación.

Para lograrlo, necesitamos un cambio de mentalidad.

Debemos dejar de vernos únicamente como productores de materia prima y comenzar a reconocernos como constructores de valor.

Construir valor significa participar más activamente en la transformación, la diferenciación, la innovación, la comercialización y la construcción de marcas. Significa fortalecer nuestras cooperativas, impulsar emprendimientos rurales, aprovechar las herramientas digitales y acercarnos cada vez más al consumidor.

No se trata de sustituir a otros actores de la cadena. Se trata de evolucionar juntos hacia un modelo donde todos crezcan y donde la prosperidad del productor fortalezca también a toda la caficultura.

Porque una cadena de valor es tan fuerte como lo sea su primer eslabón. La verdadera revolución pendiente no comienza cuando cambia el precio internacional del café.

Comienza cuando cambiamos nuestra manera de entender el negocio del café. Comienza cuando dejamos de preguntar únicamente cuánto vale nuestro café y empezamos a preguntarnos cuánto valor somos capaces de construir alrededor de él.

Estoy convencido de que América Latina tiene el conocimiento, la experiencia y el talento para dar ese paso. El futuro de la caficultura no dependerá únicamente de los mercados.

Dependerá, sobre todo, de nuestra capacidad para innovar, organizarnos y construir una economía donde la riqueza que nace en la finca tenga un mayor impacto en las familias y comunidades que la hacen posible.

Ese es el desafío de nuestra generación.

Y también puede ser su mayor oportunidad.

*Fernando Naranjo Retana, además de ser presidente de Icafe de Costa Rica, es cafetalero (Tarrazú, Costa Rica), miembro del consejo directivo Promecafe e impulsor del Modelo Origen.