Por The Nexus Coffee / Fotos : Reyes
A sus 32 años, Luis Quintanilla camina entre sus cafetales en la comunidad de Ceibita, Atima, Santa Bárbara, con la misma emoción de quien cuida un tesoro familiar.
Lo que para sus padres resultó ser sólo una forma de sobrevivir, para él se ha convertido en una pasión y un proyecto de vida que está cambiando su futuro.
Creció viendo a sus padres luchar con las fincas de café que manejaban de manera empírica, solo para cubrir los gastos del hogar.
Hoy, Luis es un joven productor que decidió escribir su propia historia. Hace unos años compró un terreno y, con mucho esfuerzo propio, plantó su propia finca, que desarrolla con una visión técnica y empresarial.
“Para mí es un gusto recibirlos, me gusta que me visiten porque la meta es aprender, y a mí me gusta aprender mucho”, dice con una sonrisa mientras observa sus plantas al ser entrevistado por The Nexus Coffee.

Ese deseo constante de aprender lo llevó a abrirle las puertas a los técnicos del Instituto Hondureño del Café (Ihcafe).
En su finca cuenta con plantas de café de seis variedades: noventa, parainema, colombia, óbata, las cuales están en lotes separados, a diferencia de lo que hacían sus padres que mezclaban porque carecían del conocimiento técnico.
No las mezclé como se hacía antes, “porque necesitamos saber el margen de producción de cada lote, el rendimiento en peso, en maduración y todo eso. O sea, más antes se usaba todas las variedades en un solo lugar. Entonces uno no sabía si tenía calidad, si tenía volumen, o sea, cuál era la mejor variedad para producción”, explica.
También rompió con la vieja costumbre de plantar el café “como almaciguera”, con distancias muy cortas. Optó por una buena densidad de siembra, guiado por tutoriales y el asesoramiento técnico.
“Pues mire, yo he pasado viendo ahí tutoriales en YouTube, donde me fui guiando y la mejor decisión que yo tomé acá, en mi lote de finca, fue sembrar con un buen distanciamiento (…). Yo tomé esa buena decisión de sembrar a una buena densidad de siembra”, recuerda.
Hoy, Luis se siente más protegido y agradecido. Reconoce que sin el apoyo constante de los técnicos del Ihcafe, sus cultivos podrían haber corrido la misma suerte de muchos otros que se pierden por falta de conocimiento.
“Yo creo que hoy que ya tenemos el apoyo del Ihcafe, entonces nosotros ya nos sentimos un poco más protegidos, porque ellos nos visitan seguido… si no fuera por ellos, yo creo que estos cultivos se hubieran venido abajo”, afirma con sinceridad.
Su caso es un ejemplo vivo de la estrategia de relevo generacional del Ihcafe, que busca transferir conocimiento, habilidades y oportunidades a los jóvenes para evitar que abandonen el campo y garantizar que el café hondureño siga siendo sostenible y rentable en el futuro.
A través de la Escuela Superior del Café, creada en 2003, el Instituto ha formado a cientos de jóvenes en programas técnicos, ayudando a que la nueva generación combine la tradición con mejores prácticas.

“Hemos logrado que el productor tenga un sueldo próspero, de lo cual, hace muchas décadas no hablaban. Hoy, los productores ven la producción de café como un negocio que les permite mejorar sus condiciones de vida y contratar a personas para trabajar a quienes pagan bien. Antes, una finca de café solo era un medio de vida”, asegura Clemente Enamorado, jefe regional de IHCAFE en Santa Bárbara.
Enamorado dice que “con la estrategia de relevo generacional, los productores jóvenes han adquirido conocimientos sobre producción, productividad, calidad, rendimientos, tecnología y a pensar en un negocio integral, que no solo tiene que ver con una finca de café, sino con otras opciones”.
Para Luis Quintanilla, el café ya no es solo trabajo. Es un sueño que cultiva con disciplina, gratitud y la esperanza de que muchos más jóvenes como él se animen a quedarse en el campo y a hacerlo mejor.

