Por The Nexus Coffee / Foto : Reyes
Etiopía enfrenta conflicto armado en el norte del país, una escalada de violencia que genera incertidumbre regional, pero que, por ahora, mantiene un impacto directo limitado sobre la producción de café, uno de los principales productos agrícolas de exportación.
El país africano concentra aproximadamente el 6,5 % de la producción mundial, con una cosecha de 11,91 millones de sacos de 60 kilogramos para 2025/2026, según la Organización Internacional del Café (OIC). Su importancia trasciende el volumen, debido a su tradición cafetera y reconocimiento internacional.
Etiopía cultiva principalmente café arábica, especie originaria de sus bosques y montañas. Variedades locales, diversidad genética y perfiles florales, frutales y cítricos distinguen sus granos, apreciados por tostadores especializados y compradores internacionales de cafés de alta calidad mundial.
El país no depende únicamente de la exportación: el café ocupa un lugar central en su vida social y cultural. Las ventas externas generan divisas, sostienen medios de vida rurales y conectan a millones de pequeños productores con el mercado internacional.
Para el año comercial 2026/2027, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos proyecta una producción de 12.1 millones de sacos y exportaciones de 7.13 millones. Las cifras reflejan expectativas favorables antes de considerar consecuencias de una escalada bélica regional.
Etiopía enfrenta conflicto armado lejos de las fincas de café
El nuevo episodio de violencia se intensificó a finales de septiembre, cuando el Frente de Liberación Popular de Tigray y grupos aliados reanudaron enfrentamientos contra el Gobierno federal. La alianza opositora reúne organizaciones con diferencias internas, complicando la estabilización.
Por ahora, las principales zonas cafeteras se encuentran lejos de los focos inmediatos de combate en Tigray, Amhara y Afar. Esa distancia limita el efecto directo sobre los cafetales, pero no elimina riesgos para transporte, abastecimiento, seguridad laboral ni comercialización.
La experiencia reciente demuestra que la violencia puede afectar la actividad agrícola sin destruir los cultivos. Durante la guerra de Tigray de 2020 a 2022, desplazamientos, restricciones de movilidad, inseguridad e interrupciones comerciales golpearon economías rurales y cadenas de suministro.
En regiones cafeteras, esos efectos pueden traducirse en dificultades para conseguir fertilizantes e insumos, contratar trabajadores, trasladar cerezas y café verde, o acceder a financiación. La intensidad del daño depende de la duración del conflicto, su expansión y las condiciones de las rutas comerciales.
Etiopía exporta una parte importante de su cosecha y busca diversificar destinos. Europa y Asia mantienen relevancia, mientras China gana terreno como comprador. El acceso de productores y exportadores al mercado internacional también ha contribuido a dinamizar las ventas recientes.
En consecuencia, el panorama cafetero etíope combina una producción sólida con incertidumbre geopolítica. Aunque todavía no se observa una amenaza directa importante para la cosecha, una guerra extensa podría elevar costos, dificultar exportaciones y debilitar los ingresos de las comunidades productoras.

